Actividad Física Acuática y Tercera Edad

ACTIVIDAD FÍSICA ACUÁTICA Y TERCERA EDAD

“Una alternativa para el Ocio y la Salud”

Hoy en día, el número de personas mayores que se interesan por la práctica de la actividad física (tai-chi, gimnasia de “mantenimiento”, bailes de salón…) como medio para sentirse mejor y socializarse va en aumento. Y es que conseguir mantener activa y dinámica a la gente mayor de una forma regular empieza a ser una prioridad en la sociedad actual, ya que de esta manera contribuimos a contrarrestar el sedentarismo propio de este grupo de edad e incide positivamente sobre su calidad de vida y su bienestar físico y psicológico.

Dentro de todas esas posibilidades de actividades físicas, existen una serie de actividades que utilizan el medio acuático para su realización; son actividades relacionadas con la condición física pero, a la vez, con la recreación, la diversión, la participación… actividades físico-recreativas como el aprendizaje o re-aprendizaje de la natación, la recreación acuática o el Aquafitness.

Y, aunque el interés por el medio acuático puede responder a intereses muy diversos, como la prescripción médica con motivos terapéuticos, por querer aprender aquello que no pudieron hacer de jóvenes, para combatir el calor del verano, por ser el complemento de un programa de actividad física en el cual están incluidas estas actividades o sencillamente para conocer gente, etc., todas estas actividades tendrán un mismo objetivo: facilitar a la gente mayor una mejor relación con su cuerpo (mejora de las cualidades físicas, de su psicomotricidad…), mejorará su autoaceptación y les ayudará a superar un tabú que la sociedad ha creado en torno al envejecimiento del cuerpo (antítesis de la moda y de todo canon de belleza actual).

Pensemos que son personas con una mayor fragilidad (que no es sinónimo de capacidad), con una serie de problemas físicos tales como la artrosis, los problemas de vista, de oído… con una disponibilidad muy baja ante la actividad física, ya que se sienten lentos, se cansan mucho y cualquier movimiento les cuesta mucho más esfuerzo que antes.

Y es que en cualquier programa de actividad física debemos tener en cuenta una serie de factores biológicos, psicológicos y sociales que incidirán de manera directa al proceso de envejecimiento y que genera unas determinadas actitudes generalizables que dificultarán tal actividad, factores tales como la tendencia a la introversión o al “aislamiento social”, la negación del propio cuerpo (provocada en parte por la falta progresiva de sintonía entre su propia imagen corporal-mental y la situación real), el sentimiento de inferioridad respecto a los jóvenes que en algunos casos provoca rechazo hacia los mismos, desinterés por las novedades causado por la falta de perspectivas o escasas posibilidades de acceso, o… muchas y muchas otras características que dificultan su autoaceptación.

Pero a través de este tipo de actividades podemos contribuir a mejorar la satisfacción y el bienestar con ellos mismos, con su propio cuerpo y con su entorno. Ya que el agua tiene una serie de características específicas que la hacen muy adecuada para ésta y para todas las otras edades. Estas características son, a grandes rasgos, la Propiedad de Arquímedes, o de empuje del agua, que diluye el peso corporal, reduce el impacto del cuerpo contra el suelo, facilita los movimientos hacia la superficie y dificulta los movimientos hacia el fondo. Tal propiedad es ideal para personas con sobrepeso (muy común en estas edades), ya que hace que su peso se diluya y que, movimientos que no pueden o les es difícil realizar en tierra por culpa de su peso, sean relativamente sencillos realizarlos dentro del agua, hace que tales personas vuelvan a sentirse ligeros.

Pero además, existen otras propiedades tales como la resistencia al movimiento o al desplazamiento que hace que todo movimiento sea más lento de lo habitual, por lo que reduce el impacto o el sufrimiento de las articulaciones (otro punto importante en este grupo de edad); o la presión hidrostática que facilita, entre otros, la circulación sanguínea, o… muchas más propiedades que hacen que el agua sea un medio ideal para ayudar a tales personas a salir del sedentarismo, desarrollando una actividad física sin un gran desgaste físico y energético, lo que le producirá placer, le hará sentir mejor y mejorará su calidad de vida.

Pero ¿cómo son tales actividades? Por un lado debemos remarcar el carácter preventivo del ejercicio físico respecto al proceso de envejecimiento, ya que podemos retardar la aparición de los procesos típicos o aceptarlos de una forma diferente y, por otro lado, el simple hecho de mantenerse activo a través de situaciones lúdico-recreativas, de toma de consciencia de nuestra realidad corporal y, sobretodo, de actividades socializadoras, que contribuyen a mantener y mejorar la calidad de vida de estas personas. Son actividades que les ayudaran a mejorar la psicomotricidad, a prevenir enfermedades, a promocionar y mejorar la salud, a mejorar los hábitos de higiene, a contrarrestar el sedentarismo y la pasividad de su propio cuerpo a través de una práctica más o menos habitual. En el fondo, tales actividades les educan en la sociedad del ocio, ofreciéndoles un programa de actividades físico-recreativas que les ayuda a mantener una vida activa, llena de experiencias y de sensaciones que enriquezca su experiencia personal.

Ahora sólo falta atreverse a probarlas.

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